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Un Ferrari con rueda deshinchada
El potencial de la organización

F. Frías Cantos
Nuestro mayor valor son las personas.
¿Les suena la expresión?

En los foros de management habitualmente se destaca la idea de que el equipo humano es el activo más importante de una organización. Esto es estrictamente cierto por cuanto una organización solo existe mientras tenga personas, pero si pensamos en el sentido los que integran esta empresa deben ser cuidados porque de su bienestar depende el llegar a ser excelentes, entonces, en la práctica, la gestión de las personas a veces suele contradecir ese principio. Mi perspectiva es la de un observador que ha conversado con muchos directores de Recursos Humanos y me han mostrado distintas actitudes, preocupaciones y manera de gestionar. De 100 opiniones distintas solo una vez he escuchado describir una gestión que verdaderamente se corresponda con esa expresión nuestro mayor valor son las personas. Esta situación es lamentada, en primer lugar, por los propios RRHH.

¿Será que las personas no son un verdadero recurso de competitividad, pero nos cuesta aceptarlo? Seguro que no.

Que la mayoría de las empresas pierden dinero por las cañerías lo decía E. Deming (uno de los tipos que mostraron a los japoneses cómo podían competir económicamente) hace 60 años; H. J. Harrinton (un experto en los costes de la gestión) estimaba que una empresa con una sistema de gestión “normal” (uno mejorado sería aquel que lleve años puliéndose en reducir la ineficiencia), que es la situación del 90% de las empresas, “tira” anualmente en torno al ¡25% de su cifra de venta!
Esta situación es aceptada solo porque los demás están igual, de manera que no crea una pérdida real de competitividad.

Esa “pérdida” depende mayoritariamente, no de aspectos técnicos mejorables sino de la ineficiencia en la utilización de los recursos existentes. ¿Cómo se puede reducir? Preguntando a los empleados y dando sentido a la expresión nuestro mayor valor son las personas.

¿Se imagina usted el conocimiento que del funcionamiento de una organización pueden tener los empleados que lleven desarrollando una serie de tareas todos los días durante, digamos, 5 años? ¿Puede suponerse que existe alguien en el mundo que sepa más de cómo funciona, donde falla, por qué falla y cómo mejorar, lo que se está haciendo?

Las soluciones para reducir la ineficiencia deben nacer y crecer desde dentro de la organización. Si bien un experto externo puede traer nuevas perspectivas e ideas, su valoración según el conocimiento interno y su ajuste a la cultura, valores, entorno y situación de la organización, solo pueden hacerlo las personas que están dentro. Lo habitual, sin embargo, es contratar a alguien externo que ofrezca La Solución.

Tremenda paradoja: las empresas se gastan miles de euros trayendo de fuera soluciones sobre cómo mejorar su eficiencia cuando lo tienen gratis dentro.

Pero, por qué resulta tan difícil sacar mayor provecho de ese conocimiento, si aparentemente todos los involucrados sacarían un beneficio claro: los accionistas ganarían más dinero, los directivos agrandarían su prestigio (y ganarían más dinero) y los empleados estarían orgullosos de que se les tuviera en cuenta para mejorar la empresa (y, quizás, ganarían más dinero).

Una de las causas procede del hecho de que en las organizaciones, aunque pueda parecer lo contrario, no todo se rige por criterios racionales conscientes.
Una organización está formada por personas que tienen emociones conscientes e inconscientes. Las inconscientes influyen en nuestro comportamiento racional, crean dinámicas en la organización e incluso moldean una cultura compartida por todos sus integrantes.

En sus empleados toda organización posee una tremendo potencial para mejorar su eficiencia. Cualquier intento de aprovecharlo debería considerar tanto el aspecto racional: recursos; tiempos; organización y coordinación, etc., como el aspecto emocional de las personas en tanto que organización.

Como consultores, sabemos que existen dos formas de trabajar con una organización: decirle lo que debe hacer o ayudar a que las personas encuentren las soluciones que llevan dentro. Nosotros creemos que este segundo tipo de relación, cuando no se necesiten mejoras técnicas pero se quiera mejorar la eficiencia, es la mejor.

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