El caso Real Madrid
Emociones y resultados empresariales
J. Fidalgo Fernández
En el invierno del 2007, tras la jornada 24 de la liga española, el Real Madrid C.F. había ganado 3 de los últimos 9 partidos jugados y mostraba un pésimo juego que le había hecho perder frente a 3 de los peores equipos de la liga.
Aunque el equipo llevaba desde el 2003 sin ganar un título de liga, y en esta temporada estaba en los puestos de cabeza, el grado de preocupación se había disparado probablemente derivado del desgaste del motor de los ingresos del club: su imagen.
Pedja Mijatovic (Director Técnico) decía entonces: No estamos consiguiendo los resultados que queríamos. Nadie podría pensar que a estas alturas de campeonato estaríamos con siete derrotas.
La plantilla tenía a 10 de los 50 mejores jugadores del mundo. Un entrenador con un enorme prestigio y apoyado por la junta directiva.
Los resultados económicos eran inmejorables: al 30 de junio 2006, el Real Madrid dispone de 103 millones de euros en tesorería y al mismo tiempo el saldo de deuda bancaria era 0 euros. Esta situación financiera es probablemente la más robusta de cualquier club de fútbol del mundo.
Y sin embargo, daba la impresión que el equipo había olvidado como jugar al fútbol.
¿Cómo era posible que un grupo altamente cualificado técnica y físicamente, con todos los medios necesarios, una dirección experta, apoyo directivo y social, no hiciera bien lo que todos sabían que hacía de forma excelente?
Preguntado por la causa del mal juego, Alfredo Di Stéfano (Presidente de Honor) respondía
¿La causa? No sé.....No se sabe...pero no tiene que ver con la mala suerte. Fabio Capello después de uno de los partidos “desastrosos” reconocía que el rendimiento no tenía que ver con uno o dos jugadores sino con la actitud de todo el equipo
Cuando, relacionado con un grupo de personas, algo aparentemente ilógico sucede, conviene buscar las causas y soluciones en un terreno “no habitual”.
No importa la actividad (un equipo de fútbol, una orquesta, un departamento comercial, una empresa) todo grupo crea y está condicionado por una cultura, una misión y unos valores. Ligadas a estas, emociones conscientes e inconscientes condicionan el comportamiento y rendimiento del grupo. Aún siendo invisibles, los efectos de esas emociones pueden ser muy evidentes.
Durante la construcción del túnel del Canal de la Mancha que une Gran Bretaña con el continente, cuando la construcción llegaba a su fin, algo aparentemente ilógico sucedió. A pesar de contar con todos los medios técnicos, metodológicos y humanos necesarios, incompresibles retrasos impedían el avance de la obra. Tras estudiar las causas desde perspectivas tradicionales y aplicar “soluciones fallidas”, se decidió explorar la perspectiva emocional. Dado que parecía que era el equipo británico quien más involucrado estaba en los retrasos, consultores expertos les ayudaron a pensar en las emociones que podían estar influyendo. La causa: El equipo británico, sin saberlo, se resistía a romper la histórica independencia de las islas. Cuando esto pudo ser “sacado a la luz” y pensado, los británicos dejaron de actuar inconscientemente, hallaron soluciones que consideraban la perspectiva emocional y los retrasos se acabaron.
Si ciertas variables individuales, grupales o ambientales se conjugan, la ansiedad puede dispararse y mermar la eficacia del grupo. Aunque los efectos puedan ser evidentes, es natural que para los integrantes del grupo sea muy difícil ver y establecer una relación con sus causas invisibles. Sin esa relación, la formulación de soluciones que mejoren la situación es muy difícil y se comprende el desconcierto de todo el grupo (jugadores, entrenador, directivos, afición) que no entienden cómo, de pronto, ya no se sabe jugar bien al fútbol.
Como en el caso del Canal de la Mancha, ayudar al grupo a pensar, desde una perspectiva emocional, qué puede estar pasando y a que descubra perspectivas no consideradas, permite reducir la ansiedad, liberando el potencial inmovilizado (no perdido) y hallar nuevas vías para desbloquear o dinamizar una situación indeseada.
Javier Fidalgo Fernández es
Socio-Director de ocelata, consultoría dedicada a colaborar con las empresas y directivos para mejorar su eficiencia.
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